miércoles, 12 de diciembre de 2012

Un Rinoceron refugiado en el Museo de Historia Natural de París

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Un rinoceronte eterno…en Paris

Sergio Antillano A.*

antillanoarmas@gmail.com

En los días revueltos de la Revolución francesa, la muchedumbre que invadió el Palacio de Versalles, encontró animales vivos enjaulados o encadenados. Era la colección zoológica que Luis XV había creado en su Palacio. La mayoría de esos animales cautivos, fueron regalos de otros monarcas o capturados en expediciones; traídos desde tierras remotas hasta esa estancia real.

Un rinoceronte negro estaba encadenado entre esos seres “exóticos” que atesoraba la realeza francesa. En la efervescencia del momento, los parisinos irredentos liberaron a los animales prisioneros del Rey. No eran tiempos de cadenas. Y el rinoceronte fue integrado a la marcha hacia París del río de gente alebrestada que arrió el africano animal, todo el largo camino hasta el epicentro de la revuelta, en el mero centro del Paris de entonces.

Llevar a pie y bajo control un rinoceronte de gran tamaño y contextura, de más mil trescientos quilos de peso, evitando sus embestidas y cornadas durante el  trayecto de la multitud eufórica, desde Versalles al centro de Paris, debe haber causado impensables penurias a los rebeldes…y al animal liberado. Tanto fue así, que el rinoceronte, extenuado y confuso, murió en medio de vicisitudes que sucedían en las estrechas y congestionadas callejuelas del diminuto casco urbano de aquel Paris.

No obstante, en medio de aquellos días de guillotinas y anarquías, de sueños y utopías proclamadas, de atropellos y temores, de muertes, intrigas y embestidas; en medio de esa descomunal locura colectiva que intentaba cambiar el curso de la Historia, hubo quienes se preocuparon y se ocuparon de salvar la piel, volumen y forma, de aquel particular animal. Le hicieron la taxidermia y conservaron el ejemplar, disecado;preservado para siempre.

Transcurridos más de doscientos años, ese rinoceronte de la especie Diceros bicornis, también llamada “de labio ganchudo”, que había sido atrapado en África, traído a Versalles como juguete del Rey, encadenado y exhibido en la privacidad del palacio y luego liberado por las masas y que murió en medio del fragor de la Revolución francesa, observa ahora a los visitantes desde una inmensa caja de cristal en la Gran Galería de la Evolución, del Museo de Historia Natural de Paris.

Allí, este eterno ejemplar de esbelta contextura, cuenta su historia y es preservado para siempre por ese Museo. Ahora forma parte de una conmovedora sala en penumbras y ambiente mortuorio, donde hermosos ejemplares narran la tragedia de sus especies ya extintas o a punto de desaparecer para siempre del planeta.  El rinoceronte es una especie en grave peligro de extinción que tiene ya  una sub-especie extinta.

Ese ejemplar, que conserva disecado el museo francés, es el testimonio permanente de la forma cómo nos relacionamos con los animales…y en la cual, ellos llevan las de perder. Pero, al mismo tiempo, es un conmovedor ejemplo de cómo hay siempre, personas que piensan en el porvenir y preservan lo que pueden, aunque la locura, la brutalidad o la inmediatez, domine el momento y escenario colectivo.

En las semanas posteriores a la liberación de los animales de Versalles, cuando las cosas estuvieron más calmadas, algunos idearon y crearon con esa fauna liberada, el primer zoológico público de la Historia, guiados por la premisa de que todos tenían derecho a recrearse y disfrutar de esos animales singulares, de tierras lejanas, que hasta ese momento, solo la realeza podía ver. Nació allí la idea originaria de los Zoológicos de hoy y seguramente resolvieron con ello los problemas que estarían causando osos, tigres, guacamayas y demás animales realengos en la Paris rebelde del momento.

Los Museos de ciencias guardan y exhiben, ejemplares disecados, pieles, plumajes, esqueletos y otras partes de animales de ayer y de hoy. Los Zoológicos guardan y preservan ejemplares vivos y muestras de sus habitas o ecosistemas. Ambos estudian, preservan y divulgan el valioso patrimonio bio-genético de este planeta diverso. Son instituciones imprescindibles para investigar, conocer, preservar y educar sobre la fauna. Son poderosas herramientas de educación contra el olvido, la extinción y la ignorancia.

En el mundo, son miles las especies de fauna en vías de extinción. En Venezuela, el “libro rojo de la fauna venezolana” ubica en casi setecientas cincuenta las especies camino a desaparecer para siempre. Para evitar ese holocausto, un país requiere de museos, zoológicos y, sobretodo, de personas como aquellas que pensaron en el futuro y taxidermizaron al rinoceronte mientras Paris ardía por todos lados.   

 

*El autor es Planificador ambiental, especialista en museos. Mediador de la ciencia, Ingeniero.

martes, 24 de enero de 2012